13 de noviembre. 

Narradores por excelencia. Son estudiosos, meticulosos, responsables y están muy dispuestos a entregar lo mejor de ellos mismos, en los tours que cada día les toca enfrentar. De a poco, se han sabido ganar el corazón de los visitantes, nacionales y extranjeros, porque gracias a su esfuerzo, simpatía y gran preparación, logran transmitir verdad, pasión e historia, en todas y cada una de las aventuras que emprenden al guiar a un nuevo grupo humano, por cada rincón del Museo Corbeta Esmeralda.  

Abdía Muñoz, Alison Bastías, Yesenia Salazar, Luis Antonio Palma, Raúl Martínez, Marina del Rosario Miranda, Margaret Núñez, Andrea Agurto, Diego Vega y Daniela Vivero, son los nombres de los “expertos” con los que contamos. Su trabajo, magnífico y en algunas ocasiones, un poco incomprendido por un grupo muy minoritario, lo han sabido llevar a cabo con total compromiso e hidalguía, como sólo grandes personas y profesionales pueden hacerlo; ávidos de nuevas experiencias y aprendizajes, dispuestos a crecer, aportar con su sabiduría y perfeccionarse, desde un lugar imponente que no deja indiferente a nadie que por allí transite.

En una cálida tarde primaveral, nos reunimos con la dotación de Guías y Apoyos de Guía para hacer un balance y conversar, objeto conocer un poco más a fondo acerca de su trabajo y de sus funciones.  Nos es importante conocerlos, saber cómo piensan, qué buscan y qué les interesa. La conversación partió sin grandes aspiraciones, fue cómoda y sencilla, donde poco a poco se fueron uniendo, en la medida que iban terminando sus recorridos, porque les interesaba dar a conocer, más que funciones laborales, el estilo de vida que llevan y las excelentes relaciones que han formado entre civiles y ex - marinos. Todos opinaban, reían y comentaban lo felices que han sido en este desafío, donde la camaradería y el apoyo mutuo ha sido y será siempre el espíritu de esta gente, siempre dispuestos a colaborarse y a mejorar. 

Los hay de todas las profesiones y oficios; algunos son ex - marinos, otros con formación Técnica y otros con títulos Universitarios, la mayoría de los comprendidos en estas dos últimas categorías, sin una mayor vinculación al ámbito de turismo o de museos. Por la rotación laboral normal y buscando siempre la excepcionalidad, sólo un par de ellos está desde los inicios de esta obra patrimonial. Algunos, con muy poco conocimiento náutico naval y otros, por el hecho de pasar tanto tiempo en la Marina de Chile, conocedores del mar y de los buques; pero por sobre todo, de la vida y obra del valiente Comandante Prat, héroe máximo a seguir por ellos, por todos. 

“Tenemos historias y varias anécdotas, nos quedamos siempre con lo mejor de todos ellos. Aquí el saldo es siempre positivo. Uno todavía se emociona al ver a los visitantes emocionados, es increíble cómo uno pasa desde un colegio en la mañana, a medio día un Ministro de la Corte Suprema, en la tarde una autoridad regional y al final del día, un grupo de abuelitos y adultos mayores. Es fantástico, hay una diversidad infinita”, comentan los guías.



“TENGO QUE ESTAR AHÍ”
 
¿Cómo llegaron a esto?

“Cuando me retiré de la Armada, hice un curso de Guía de Turismo y comencé a dedicarme al turismo en la zona, pero cuando comenzó este proyecto y se comenzó a construir la Esmeralda, yo dije “TENGO QUE ESTAR AHÍ”sea como sea y felizmente se dio todo, salió en el diario que necesitaban guías especialistas, envié un correo y me consideraron…. He estado toda una vida en la Armada, por lo tanto para mí mostrar lo que fue la Esmeralda, es maravilloso, es más que trabajo un privilegio. Mostrarles a todos nuestros coterráneos y turistas, lo que somos, lo que y tuvimos y también cómo es nuestra gente, cómo son los marinos, eso es lo que uno trata transmitir, más que un trabajo es un privilegio. Por otro lado transmitir lo qué son los marinos, es también una de mis motivaciones”, dice Abdía Muñoz.  

¿Qué momentos son los que más recuerdan? ¿Qué es lo mejor de este oficio?

“Sin lugar a dudas conectarse con la emoción… Para nosotroshay muchas anécdotas, muchos momentos emotivos que hemos vivido estando aquí, gente mayor de edad, gente que se emociona y recuerda cosas, gente que trae algún recuerdo y lo comparte en un recorrido hasta con personas extrañas, que le gusta hablar contando sus historias, ya que todos tenemos alguna vinculación con la “Esmeralda” de Prat, sólo que estando aquí uno desmenuza esas hazañas y las comparte. Otro momento en el que uno se vuelve a emocionar y es para todos digno de recatar, es al momento de decir, ya casi al final del tour, la arenga de Prat, ahí hasta las más fuerte se quiebra, es un momento muy especial, único, hay que vivirlo”, enfatiza Raúl Martínez.

Para Luis Antonio Palma y Alison Bastías, su experiencia constantemente en el mundo civil fue muy buena. Desde distintas experiencias, ambos se acercaron al Museo Corbeta Esmeralda y con éxito ya han dejado una huella en el equipo. “Llegué en diciembre 2011, me he llevado una grata sorpresa al estar aquí. Sin tener muchos conocimientos, se me abrieron las puertas, yo me motivé, estudié, pregunté, me interesa aprender”, comenta Luis. El curso de capacitación nos ayudó mucho, sobre todo a quienes no teníamos mucho que ver con este mundo, también la gente de mantención, especialmente el Contramaestre Claudio Solís, nos apoyó con la jerga naval, los modismos y guión, que se nos va enseñando. Eso sí, todavía seguimos aprendiendo.

“Somos todos un equipo. Nos apoyamos entre todos, Mantención, Guías, Apoyo de Guía, el Jefe y la Encargada de Reservas, todos y así todo funciona como reloj. Nos sentimos muy familia y trabajar se hace muy cómodo, no es broma cuando recalcamos que nos gusta mucho lo que hacemos.” Defiende Alison.

¿Por qué este trabajo y no otro?

“Nosotros tenemos que dar un valor a la historia, a los niños, a los colegios y visitantes. Como te contábamos, nosotros todavía nos emocionamos. Esto es mucho más que una estructura, aquí hay mucho más que eso, aquí hay vivencias, emoción, heroísmo, planos, etc. Tiene más que ver con la emoción que con un museo, a decir verdad, entonces no es tan difícil elegir un trabajo que te hace sentir muy cómodo, grato, a gusto y que además, tiene este carácter especial en la comunidad y en todos.

Cada uno da un relato estándar, de acuerdo a lo aprendido en capacitaciones y libros, pero poniendo énfasis y explicando todo, de un modo especial, que tiene cada uno. Tenemos mucha libertad, de eso se trata, sino se volvería un trabajo absolutamente rutinario y aburrido. No queremos ser un CD que se repite dos, tres o hasta cuatro veces las mismas cosas, sin magia, sin chispa, sin emoción. Por eso hay turnos, hay diversidad de grupos, hay horarios y tiempos para el estudio y el crecimiento, de esa forma cada cual incluye aspectos nuevos, relevantes que consideremos fundamental para la estructura de la historia”.

Otro factor significativo es la relación con la gente. La relación que se genera a bordo, entre todos es preciosa, o sea hemos tenido problemas a la hora de exponer ante un público y aquí se superaron, todos somos familia, pasamos mucho tiempo juntos y lo principal es apoyarnos como grupo y con la gente. Aquí hay muy buenas personas, de una gran calidad humana. El ambiente de trabajo es algo que nos impulsa a hacer el trabajo felices, un ambiente grato con muy buenas relaciones interpersonales, poniendo pasión y ganas al hablar, poniendo el corazón primero en la bandera de Chile y sus ideales.



APOYO INCONDICIONAL

A simple vista, ellos son la cara visible de nuestro museo, cuando uno a uno sin que nadie se los recuerde, aparecen desde los distintos rincones del buque, absolutamente empoderados en sus funciones, de impecable uniforme, dándole la bienvenida a nuevos visitantes, contando alguna hazaña o vociferando orgullosos, la arenga heroica más recordada y emotiva de nuestra historia patria. Si alguien pasa, si alguien mira desde afuera y se detiene, posiblemente sólo  verá esas caras, día a día a los mismos, nuestros experimentados guías, pero no debemos olvidar jamás, la labor oculta y silente que cumplen también otros que, en comunión con ellos, forman esta singular familia de trabajo.

Para que los guías desarrollen al máximo sus capacidades y puedan enfocarse de pleno en el relato durante cada recorrido, es fundamental contar con una ayuda externa, esta ayuda externa tiene el nombre de “Apoyos de Guía”. Quizás no es una labor tan visible, como la de los Guías, pero resultan vitales para asegurar un acceso fluido al MCE y recorridos coordinados y seguros a bordo. Atentos a orientar a los que se quedan atrás, a ayudar a alguna abuelita a bajar por la escala real o a tener que operar la silla salvaescaleras, para la gente que tenga alguna dificultad motriz. Son también quienes vocean, vía megáfonos  y llaman a la conformación de los diferentes tour en el acceso; le colaboran al personal de la Caja y dan satisfacción a las múltiples inquietudes de los cientos de personas que nos visitan a diario. En resumen, una labor que tiene la virtud de ser el link entre el público y los Guías.

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